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Crisis de los principios presupuestarios clásicos

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Contenido del artículo

A pesar de que la filosofía económica clásica ha perdurado hasta hoy día, la irrupción en su día por la teoría keynesiana traería en el panorama económico el derrumbe de la teoría clásica y abriría un proceso de profunda crisis generalizada en los principios presupuestarios clásicos políticos y económicos.

Crisis de los principios económicos

La condena de todo déficit y la alabanza de cualquier superávit que se encuentran en los discursos de defensa de los presupuestos de todos los economistas clásicos no ha tenido la misma importancia en etapas posteriores, La defensa del equilibrio presupuestario anual (regla de oro del presupuesto clásico), lograda con independencia de la situación de la coyuntura económica, carece hoy de fundamento. Una de las principales aportaciones de la teoría keynesiana y forma una parte fundamental de la ideología presupuestaria contemporánea es que el presupuesto debe considerar la situación económica general y tratar de compensar los movimientos del consumo y de la inversión privada.

La defensa del principio clásico de la neutralidad impositiva arranca del supuesto de que la economía de mercado realiza un trabajo perfecto que el impuesto no debe perturbar, en consecuencia, la condena de cualquier tributo beligerante arranca de la proclamada situación ideal a la que se ha llegado con la disciplina del mercado esto carece de de sentido en cuanto no se admite el principio de que el mercado ofrece una solución optima para la asignación  y distribución  de los recursos escasos de una sociedad. Los fallos de la economía de mercado ofrecen oportunidades destacadas para que la imposición pueda corregir la asignación imperfecta que el mercado le ofrece muchas veces. Tampoco encuentra defensores hoy el viejo dogma de la minimización del gasto público y la limitación de este a unos cuantos servicios previamente determinados. La práctica financiera ha revelado un desajuste profundo con esta aconsejada norma de conducta. Ante todo el gasto público ha cumplido misiones destacadas en las tareas redistributivas, completando así la acción beligerante del impuesto. Por otra parte, ha actuado en el frente de la estabilización económica, lo cual ha llevado a desarrollos en la cuantía del gasto, no siempre plenamente justificados. Es innegable que a la expansión del gasto público que han registrado todos los países occidentales subyacen cambios profundos de la conciencia social y política. El último de los principios clásicos de carácter económico, es decir, la emisión de deuda pública autoliquidable, carece de cualquier propósito y fundamento en una hacienda keynesiana con paro involuntario.

Esto nos lleva a una conclusión los principios presupuestarios clásicos de carácter económico no encuentran pleno apoyo en las proposiciones de la Hacienda Pública contemporánea , numerosos grupos de ciudadanos y políticos contemporáneos siguen aferrados, a las viejas normas, lo que traduce sus efectos sobre la práctica de una política presupuestaria racional en el mundo actual.

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